Noelia Marzol habló del susto por la operación de su hijo

La bailarina contó qué le pasó a Donatello, de 4 años, y cómo atraviesa el alivio después de días de angustia y hospital.

Noelia Marzol habló del susto por la operación de su hijo

Noelia Marzol eligió hablar cuando el momento más difícil ya había pasado. No para dramatizar, sino para llevar tranquilidad. En una imagen simple, con su hijo en brazos dentro de una clínica, contó que Donatello, de apenas cuatro años, había sido operado. Y que todo había salido bien. Esa frase corta, casi al pasar, fue suficiente para despertar la preocupación de muchos y, al mismo tiempo, un enorme alivio.

“Ayer se operó Dona. Está súper genial. Se la re bancó”, escribió. Después sumó otro detalle que lo decía todo: “Ya estamos en casa jugando”. No hubo grandes explicaciones ni vueltas. Solo lo necesario para dejar en claro que lo peor ya había quedado atrás.

La reacción fue inmediata. Mensajes, preguntas y muestras de cariño se multiplicaron. Por eso, un día después, Noelia decidió ampliar la información. Se filmó desde su casa, con tono calmo, y explicó qué había pasado realmente.

Qué fue lo que motivó la intervención

Según contó, la operación fue de adenoides y amígdalas, una intervención habitual en chicos, pero que no deja de generar miedo cuando le toca a un hijo. “Voy a despejar dudas con respecto a la operación de Dona”, dijo, antes de aclarar que eligió guardarse los detalles más íntimos del proceso. No por ocultar nada, sino por proteger ese espacio familiar.

Lo importante, remarcó, es el presente. Donatello ya está bien, con energía de sobra. “Quiso jugar todo el día, ya quiere morfar, es imparable”, relató, con esa mezcla de cansancio y felicidad que solo entienden quienes pasaron una noche larga en un hospital pediátrico.

Noelia Marzol atraviesa este momento junto a su pareja, Ramiro Arias, y sus dos hijos. Y aunque la maternidad suele mostrarse en redes desde el costado más luminoso, esta vez eligió compartir también el susto, pero sobre todo el alivio.

A veces alcanza con eso: saber que salió bien, volver a casa y escuchar a un chico pedir jugar como si nada hubiera pasado.

Scroll al inicio