Araceli González se quebró en lo de Mirtha al hablar de Suar

Entre lágrimas y silencios incómodos, la actriz expuso un dolor que viene arrastrando hace tiempo. Un momento íntimo que sorprendió incluso a Mirtha Legrand.

Araceli González se quebró en lo de Mirtha al hablar de Suar

No fue un comentario al pasar ni una frase calculada. Araceli González se quedó en silencio, respiró hondo y, cuando habló, la voz ya no le respondía igual. En la mesa de Mirtha Legrand, frente a millones de personas, la actriz se quebró al referirse a su vínculo actual con Adrián Suar. El gesto, las lágrimas contenidas y esa incomodidad que se siente cuando algo duele de verdad marcaron uno de los momentos más fuertes del programa.

La charla venía avanzando con normalidad, pero el clima cambió cuando el nombre de Suar apareció sobre la mesa. Araceli no esquivó el tema, aunque dejó en claro que no era fácil. “Con Adrián, te lo digo con mucha tristeza, no me llevo. No por una elección mía”, dijo, visiblemente afectada. No hubo reproches ni acusaciones directas, pero sí una sensación de quiebre que se notó en cada palabra.

La actriz habló de diferencias, de contextos difíciles y del peso que tiene el poder en ciertos ámbitos. Reconoció el talento de Suar y su importancia en la historia de la televisión argentina, pero fue clara al marcar que hoy la relación no atraviesa un buen momento. “No voy a hablar mal del papá de mi hijo”, aclaró, como marcando un límite necesario.

En ese punto, la emoción terminó de imponerse. Araceli pidió disculpas por llorar y explicó que se sentía muy expuesta, tocando un tema que no solo la involucra a ella. Contó que trabajó mucho para soltar situaciones del pasado y remarcó algo que volvió varias veces durante su relato: la prioridad absoluta de cuidar a su hijo y su bienestar.

Ya más serena, también se permitió despejar algunas versiones que circulan sobre su personalidad. Dijo que le duele que se la catalogue como antipática y aseguró que su vida es mucho más simple y normal de lo que se cree desde afuera. Incluso se animó a contar un deseo personal: le gustaría conducir, explorar otros espacios.

El momento dejó una sensación difícil de disimular. No hubo escándalo ni frases altisonantes, pero sí una herida que, al nombrarse, quedó a la vista. Y a veces eso alcanza para que todo se vuelva real.

Scroll al inicio