El método de Wanda Nara para que sus hijos no se olviden de dónde viene la familia

Wanda Nara está en Uruguay filmando su primera película, pero lo que realmente sacudió las redes no fue su nuevo proyecto actoral. En una charla que parecía ser solo sobre anécdotas de rodaje, la empresaria terminó exponiendo una marcada contradicción entre su estilo de vida actual y la educación que eligió para sus cinco hijos.

El método de Wanda Nara para que sus hijos no se olviden de dónde viene la familia

La situación se dio durante una entrevista en el programa Vuelta y media. Mientras el elenco de su film compartía historias sobre vuelos en clase económica, la conductora se mantuvo en un silencio que terminó resultando incómodo.

Cuando Sebastián Wainraich indagó sobre ese silencio, la mediática soltó el dato que nadie esperaba: ella nunca viajó en la clase turista de un avión. Sin embargo, lo que generó impacto no fue su confesión de lujo, sino el trato diferencial que impone cuando se trata de sus hijos.

EL MIEDO DETRÁS DEL LUJO

La primera vez que Wanda Nara se subió a un avión fue directo a clase Business. El destino era Rusia, cuando acompañó a Maxi López en su transferencia al FC Moscú. Pero aquel privilegio no fue solo por una elección de estatus, sino por una cuestión de salud.

“Me daba fobia viajar, me daba mucho miedo”, reveló la empresaria sobre aquel inicio de su vida en el exterior. Esa barrera psicológica la empujó a buscar siempre la comodidad extrema, una costumbre que mantuvo durante casi dos décadas de mudanzas por el mundo. Sin embargo, ese estándar que ella aplica para sí misma se rompe por completo cuando llega el momento de organizar los traslados de sus chicos.

LA LECCIÓN EN CLASE TURISTA

A pesar del patrimonio familiar, la conductora aplica un método de crianza que busca bajarlos a tierra de manera constante. Mientras ella ocupa su lugar en sectores exclusivos, sus hijos conocen de cerca una realidad distinta que ella misma fomenta.

Wanda confirmó que sus hijos viajan habitualmente en clase económica y lo siguen haciendo en la actualidad. La revelación generó sorpresa en el estudio, hasta que ella fundamentó su decisión: “Es para que valoren y para que conozcan más”. Para la empresaria, el hecho de que vean el contraste entre su realidad cotidiana y el resto del mundo es una prioridad absoluta.

LO QUE NO SE NEGOCIA

“Ellos saben lo que es estar arriba de un tren”, aseguró, intentando despegar la imagen de sus hijos de la burbuja de opulencia que los rodea. El punto de quiebre en su relato llegó cuando recordó sus propios orígenes, las épocas en las que se manejaba con la guía Filcar en mano y se tomaba el subte para llegar a sus trabajos.

“Yo me hice de abajo. Es difícil cuando es al revés”, analizó sobre el desafío de criar hijos que nacieron con todas las necesidades resueltas. Según su visión, la clave de este aprendizaje es que entiendan la libertad económica. “Lo que más les quiero dejar es el sacrificio del trabajo”, sentenció, dejando en claro que, aunque ella ya no pise la clase turista, no quiere que sus hijos olviden nunca cómo se siente estar ahí.

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