Virginia Demo le dijo adiós al delivery tras su paso por el equipo de Cormillot y el resultado final la dejó sin palabras

Virginia Demo terminó su tratamiento y mostró el cambio tras dejar atrás el delivery que consumía a diario. Pero más allá de los 13 kilos menos, hay un trasfondo en su salud que ni ella imaginaba encontrar.

Virginia Demo le dijo adiós al delivery tras su paso por el equipo de Cormillot y el resultado final la dejó sin palabras

Virginia Demo se acostumbró a desayunar papas fritas. Esa era la rutina que repetía a diario antes de entrar al programa. Cuando tomó la decisión de anotarse, no buscaba una transformación estética, sino entender por qué su cuerpo funcionaba de esa manera y cómo cortar un ciclo de delivery que ya le estaba pasando factura en la salud.

MÁS ALLÁ DE LA BALANZA

«Escúchame una cosa», dijo Virginia Demo al mostrar su nueva realidad. La ex participante de Gran Hermano no se centró en los centímetros, sino en el cambio de cabeza. A los 57 años, con la menopausia en el medio y las hormonas acomodándose a un nuevo ritmo, el proceso fue mucho más complejo que simplemente comer menos.

Lo que no contó el resto es que, al inicio, ella misma era la primera en dudar. «Cuando entré al programa no creía que iba a tener estos resultados», confesó. Esa frase deja al descubierto una incomodidad real: el miedo a fracasar en un intento más, donde la estructura mental pesaba tanto como el cuerpo.

EL MENSAJE DETRÁS DEL ALTA

El proceso en Cuestión de Peso duró tres meses bajo el seguimiento del equipo de Cormillot. Los hechos hablan: ingresó con 89,9 kilos y cerró la etapa con 76,6. Casi 13 kilos de diferencia que, según ella, vienen acompañados de una mejora directa en un cuadro de hígado graso que la preocupaba.

Pero no todo fue mérito del tratamiento. Estefanía Pasquini fue la encargada de ponerle nombre al esfuerzo de la comediante. En un cruce que fue mucho más allá de una felicitación protocolar, le marcó la cancha: «Esto es todo mérito tuyo. Nosotros damos herramientas, pero está en vos aplicarlas o no». Ese comentario expone que el programa no le hizo el trabajo, sino que le dio las llaves para que ella misma pudiera abrir la puerta.

UNA RUTINA A PRUEBA DE TODO

Ahora, el desafío es qué pasa cuando se apagan las cámaras. Virginia confirmó que ya no hay lugar para el delivery ni para los ayunos mal llevados. La rutina cambió a clases de gimnasia en su casa y una disciplina alimentaria que piensa mostrar en sus redes.

Lo que queda claro es que su alta no fue el fin de un juego televisivo, sino el inicio de una estructura de vida que, hace apenas unos meses, parecía imposible de sostener. La pregunta que queda flotando es cómo mantendrá este ritmo ahora que ya no cuenta con la presión ni el monitoreo constante de la clínica.

Scroll al inicio