La periodista volvió a la televisión y habló sin rodeos del accidente doméstico que puso su vida en riesgo. Un relato sincero que dejó a todos en silencio.
El regreso de María Julia Oliván a la televisión no fue uno más. Sentada en la mesa de Mirtha Legrand, la periodista decidió contar, por primera vez con esa crudeza, lo que vivió tras el accidente doméstico que la mantuvo dos meses internada y al borde de una tragedia.
Con voz firme, pero sin esconder la emoción, Oliván relató cómo un hecho cotidiano se transformó en el momento más delicado de su vida. La reacción en la mesa fue inmediata: silencio absoluto y miradas conmovidas, incluida la de la propia Mirtha.

El accidente que lo cambió todo
El 15 de junio pasado, María Julia Oliván intentó encender una estufa con bioetanol en su estudio. Una explosión inesperada provocó que el líquido inflamable la alcanzara de lleno. “Me vi toda encendida”, confesó, describiendo una escena que todavía hoy le cuesta revivir.
Las quemaduras afectaron el 25% de su cuerpo, desde la pierna hasta la cadera. Fue trasladada de urgencia al sanatorio Alemán, donde comenzó un largo proceso médico que incluyó internación en terapia intermedia y múltiples intervenciones quirúrgicas.
En medio del caos, hubo un gesto clave. Vestida con jean y pullover, escuchó una frase que resultó decisiva: “Julia, sacate la ropa”. En segundos logró ponerse bajo la ducha, antes de que llegaran los paramédicos. Ese reflejo, según reconoció, pudo haberle salvado la vida.

Recuperación, secuelas y conciencia
Durante su recuperación, Oliván atravesó 19 cirugías y un proceso físico y emocional complejo. Al dejar el hospital, todavía convaleciente, admitió que volver al trabajo no fue sencillo y que la medicación la dejó desorientada durante un tiempo. “Sí, estuve gravísima. Me quemé el 25% del cuerpo”, dijo sin rodeos.
Hoy, María Julia Oliván habla desde otro lugar. Agradece al equipo médico, a los enfermeros y a quienes la acompañaron en esos meses difíciles. Su testimonio no busca generar impacto vacío, sino advertir sobre los riesgos de los accidentes domésticos y la importancia de la prevención.
Su historia, contada con honestidad y sin dramatismos, deja una enseñanza clara: a veces, un segundo alcanza para cambiarlo todo. Y volver a contarlo también puede ser una forma de cuidar a otros.








