En pleno streaming de Telefe, Mica Viciconte describió una escena íntima con Fabián Cubero que pasó de la risa a la incomodidad. El detalle del disfraz y lo que le generó marcaron el tono del relato.

La charla venía liviana. Regalos, gustos personales y anécdotas sueltas en el streaming de Gran Hermano. Hasta que el tema giró y todo se volvió más íntimo.
Una pregunta sobre disfraces en la pareja dejó a Mica Viciconte en el centro. No dudó demasiado. Se rió, miró a sus compañeros y empezó a contar.
Lo que parecía una anécdota más terminó en una escena concreta de su vida con Fabián Cubero que cambió el clima del estudio.
Primero lo planteó con humor. “Tengo un cajón gigante”, dijo, dando a entender que el tema no le resultaba extraño. Pero enseguida apareció una historia puntual.
Una noche, después de tomar algo, decidió sorprender a Cubero. Eligió un disfraz de porrista: pollera tableada, top y un detalle que terminó siendo clave.
Cuando se miró al espejo, la seguridad no estaba. “Me sentía un choripán, te lo juro”, lanzó sin filtro, mientras sus compañeros reaccionaban.
El problema no fue solo el look. Fue lo que pasó después.
Con el disfraz puesto, se quedó en el baño. Del otro lado, Cubero esperaba sentado en el sillón, sin entender la demora. La escena quedó suspendida entre expectativa y nervios.
“No puedo salir, me da mucha vergüenza”, contó que le dijo desde adentro. La respuesta fue simple: que salga igual.
Cuando finalmente lo hizo, intentó sostener la situación. Pero no funcionó. El intento de “hacerse la sexy” no fluyó y el momento se rompió ahí mismo.
EL MOMENTO QUE CAMBIÓ SU DECISIÓN SOBRE LOS DISFRACES
Ese episodio quedó marcado. No por lo que buscaba generar, sino por lo que terminó pasando.
Mica lo resumió sin vueltas: “Fue debut y despedida”. El disfraz, según dijo, era “medio baratón” y la sensación que le quedó fue suficiente para no repetir.
La escena, que empezó como un juego, terminó convertida en una anécdota que hoy cuenta entre risas, pero que en ese momento la frenó.
A pesar de eso, dejó claro que la intención de salir de la rutina sigue estando. Con los años, para ella, el juego en la pareja no desaparece.
Solo cambia la forma.
Incluso deslizó que ahora prefiere que la propuesta no recaiga solo en ella. Que también haya iniciativa del otro lado.
El recuerdo quedó ahí: una noche que empezó como sorpresa y terminó en incomodidad. Y un disfraz que, desde entonces, no volvió a salir del cajón.








