Virginia Gallardo enfrentó a Florencia Carignano por su polémico look “de novia”

Una foto del vestido blanco de Virginia Gallardo desató un cruce inesperado con Florencia Carignano y sumó más voces a la discusión. El debate creció rápido en redes y en el Congreso.

Un vestido blanco que encendió una discusión política inesperada

Lo que parecía un día solemne de jura terminó convertido en un cruce político con fuerte carga personal. Todo comenzó cuando Virginia Gallardo llegó al Congreso con un vestido blanco, elegante y llamativo, que algunos usuarios en redes compararon con un look “de novia”. Ese comentario se volvió masivo cuando Florencia Carignano publicó la foto en X y deslizó: “Capaz pensó que venía a un casamiento”.

El impacto fue inmediato. Virginia Gallardo respondió con dureza y habló de “envidia”, apuntando a que algunas mujeres critican a otras por cuestiones superficiales. Esas primeras frases captaron la atención del público, no solo por el tono, sino por el trasfondo emocional que expusieron: qué se espera de una mujer en un espacio político y quién decide si ese límite se cruzó.

La pelea escaló con nuevas voces y viejas heridas

El comentario no quedó entre dos diputadas. La libertaria María Celeste Ponce intervino con más fuerza todavía, acusando a Carignano de ser “policía del vestuario” y de practicar una sororidad selectiva. Ponce recordó otros episodios en los que Carignano había cuestionado a mujeres de La Libertad Avanza, y sumó denuncias de misoginia dentro del feminismo kirchnerista.

A la discusión también se sumó Bertie Benegas Lynch, que aseguró haber visto “miradas de envidia” hacia Virginia Gallardo durante la jura. Su comentario reavivó la tensión y trasladó el debate de redes al pleno ambiente del Congreso. Carignano, lejos de mantenerse al margen, le contestó con ironía y referencias al “clan Fort”, marcando que conocía detalles personales del entorno de la ex vedette.

Un cruce que reveló algo más que un desacuerdo estético

Lo sucedido dejó en claro que la discusión superó ampliamente el tema del look. El intercambio puso sobre la mesa viejas rivalidades políticas, sensibilidades personales y la eterna disputa sobre la imagen y el rol de las mujeres en la vida pública. El vestido fue solo el disparador: las emociones, los resentimientos y los posicionamientos ideológicos hicieron el resto.

En el fondo, este episodio muestra cómo un gesto aparentemente simple —como elegir un vestido blanco— puede convertirse en un espejo de tensiones que vienen de mucho antes.

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