Durante años fue presentado como “el hijo de Valeria Mazza”. Hoy, con resultados concretos y un detalle simbólico que no pasó desapercibido, Tiziano Gravier se prepara para representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.

El dato más revelador no está solo en los rankings ni en las marcas. Está en un gesto: el casco que eligió para competir, intervenido con los colores de la bandera argentina, que mostró en redes sin grandilocuencias, como quien entiende que llegó hasta acá por un camino propio.
Con 23 años, Gravier será uno de los representantes nacionales en esquí alpino en los Juegos Olímpicos de Invierno que se disputarán del 6 al 22 de febrero en Italia. Será su debut en la máxima cita del deporte invernal, después de un recorrido largo y silencioso, lejos del ruido mediático que suele rodear a los apellidos famosos.
Desde chico convivió con una frase que lo acompañó durante años: “es hijo de Valeria Mazza”. Pero su historia deportiva empezó mucho antes de cualquier título o mención pública.

Un proceso que tuvo un quiebre claro en Lausana
Tiziano comenzó a esquiar a los tres años, junto a sus hermanos. Como ocurre en la mayoría de los deportes de invierno, el aprendizaje fue temprano, constante y exigente. Sin flashes ni atajos.
El punto de inflexión llegó en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Lausana 2020. Allí consiguió un séptimo puesto histórico en la prueba de Super Gigante y un diploma de honor que marcó un antes y un después para el esquí alpino juvenil argentino.
Ese resultado no fue una casualidad ni un pico aislado. Fue la confirmación de que el proceso tenía sustento y proyección internacional.

Resultados que lo respaldan en el presente
Gravier llega a Milano Cortina como líder del ranking sudamericano 2025 en slalom gigante, una de las disciplinas más técnicas del esquí alpino. Además, ya compitió en el circuito mayor de la Copa del Mundo, enfrentando de igual a igual a los mejores especialistas del planeta.

En un deporte donde las diferencias se miden en centésimas y el margen de error es mínimo, sostenerse en ese nivel habla de consistencia, no de promesas.
Su apellido es conocido. Su lugar en la élite, no tiene que ver con eso.
El casco celeste y blanco que dice más de lo que parece
En los días previos al viaje, Gravier compartió en sus redes un detalle que llamó la atención: el casco que usará en competencia, personalizado con los colores de la bandera argentina.

“Quería jugar un poco con el diseño de la bandera Argentina y los colores, es espectacular y lo quería mostrar”, explicó en un video simple, sin épica forzada ni discursos prefabricados.
El gesto no es menor. En disciplinas donde Argentina casi no tiene visibilidad olímpica, la decisión de marcar identidad también es una forma de asumir responsabilidad.
La delegación argentina en los Juegos de Invierno
Tiziano Gravier competirá en esquí alpino junto a Francesca Baruzzi y Nicole Begue. En esquí de fondo, los representantes serán Franco Dal Farra, Nahiara Díaz, Mateo Sauma y Agustina Groetzner. Además, Veronica Ravenna dirá presente en la disciplina luge.

Una delegación pequeña, como suele ocurrir en los Juegos de Invierno, pero con historias que no se explican solo por el resultado final.
En el caso de Gravier, Milano Cortina no es una llegada casual. Es la consecuencia de años de trabajo, de competir lejos de casa y de construir una carrera que hoy lo pone frente al mayor desafío de su vida deportiva: representar a la Argentina en un escenario donde muy pocos logran llegar.








