Nicolás Cabré y su postura mientras Rufina volvía a quedar en medio del escándalo

En una pelea que parecía ajena, una mención inesperada volvió a poner a su hija en el centro. El actor eligió un gesto conocido, pero no por eso menos contundente.

La tregua entre Wanda Nara y Mauro Icardi duró poco y terminó de la peor manera: con una guerra virtual que escaló rápido y dejó daños colaterales. Uno de ellos tuvo nombre propio y no debería haber estado ahí: Rufina Cabré.

Todo se desató después de que Wanda asegurara en Intrusos que había retomado el diálogo con su ex y que lo consideraba parte de su familia. La respuesta de Icardi fue inmediata y furiosa. Desde sus redes negó cualquier buena relación, la acusó de mentir y enumeró conflictos, denuncias y situaciones pasadas. Wanda contraatacó con capturas de chats privados y el conflicto terminó de explotar.

En medio de ese ida y vuelta, hubo un detalle que descolocó incluso a quienes siguen el tema de cerca. En una de las imágenes que Wanda compartió —con parte del contenido tapado— se alcanzaba a leer una frase inquietante: Icardi decía que alguien le estaba enviando mensajes amenazantes a Rufina. No se veía quién los mandaba ni en qué contexto, pero la mención quedó ahí, expuesta, circulando.

La postura de Nicolás Cabré

El foco cambió de golpe. Ya no era solo una pelea de adultos conocidos, sino una situación que rozaba a una nena que nada tenía que ver con la disputa. Y ahí apareció, sin aparecer, Nicolás Cabré.

Quienes conocen al actor saben que es especialmente celoso de la intimidad de su hija. Desde su entorno dejaron trascender que la filtración del mensaje le cayó mal, no porque desconociera la situación, sino porque se hablara de eso de manera pública y masiva. Aun así, Cabré no salió a aclarar ni a responder. Hizo lo que suele hacer cuando no quiere alimentar el ruido.

Mientras el escándalo crecía en redes y programas de televisión, él se mostró en Carlos Paz, compartiendo una salida con el elenco de Ni media palabra, la comedia que protagoniza. Fotos grupales, sonrisas, nada más. Tampoco atendió llamados ni mensajes de periodistas que buscaban su palabra.

El gesto fue claro, aunque silencioso. En un conflicto que sumó voces y capturas por todos lados, Cabré eligió marcar un límite sin decirlo. A veces, el silencio también es una forma de intervenir. Y en este caso, dejó flotando una incomodidad que todavía no terminó de disiparse.

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