Murió Adela Gleijer, la despedida silenciosa de una actriz querida

Tenía 92 años. Su nombre volvió a sonar con respeto y afecto, en un adiós que atraviesa generaciones y deja una sensación de vacío sereno.

Murió Adela Gleijer, la despedida silenciosa de una actriz querida

El silencio se hizo notar en el ambiente artístico cuando se conoció la noticia. Adela Gleijer murió a los 92 años y, con ella, se fue una de esas presencias que marcaron época sin necesidad de estridencias. Actriz de teatro, cine y televisión, su rostro fue parte del hogar de millones durante décadas.

El anuncio llegó a través de la Asociación Argentina de Actores y Actrices, que expresó su pesar con un mensaje breve pero cargado de afecto. En esas líneas también estuvo presente el nombre de su hija, Andrea Tenuta, a quien acompañaron públicamente en este momento íntimo y doloroso.

Gleijer había nacido en Montevideo en 1933 y comenzó allí su camino artístico. El teatro fue su primera casa. Más tarde, ya radicada en la Argentina, desarrolló una carrera extensa y sólida, siempre ligada a los escenarios y a la actuación como forma de vida. En 1956, durante una obra en el Teatro El Galpón, conoció a Juan Manuel Tenuta, su compañero de vida y de profesión.

Una carrera sin alardes, pero inolvidable

En televisión dejó huella en ficciones que todavía despiertan memoria emotiva, como Celeste, siempre Celeste y Mi familia es un dibujo. Eran roles que no buscaban protagonismo extremo, pero que sostenían historias con humanidad y verdad.

Su nombre también quedó asociado al cine argentino y, de manera indirecta, a uno de los clásicos más citados de nuestra cultura popular: Esperando la Carroza, donde brilló su hija y que conecta inevitablemente a ambas con el imaginario colectivo.

En 2006, su recorrido fue reconocido con el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable, un gesto que resumió décadas de trabajo silencioso y comprometido.

Hoy, el dolor no es estridente. Es calmo, profundo, y se parece mucho a la forma en que Adela Gleijer atravesó su vida artística: con respeto, constancia y una presencia que no necesita explicaciones. Su legado queda ahí, intacto, acompañando.

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