La tensión creció fuera de cámara y hoy se nota en cada cruce. Detrás del final, una diferencia que ninguno quiso ceder.

Lo que hasta hace poco parecía una química natural frente a las cámaras hoy se transformó en un clima espeso, difícil de disimular. La relación entre Evangelina Anderson e Ian Lucas se terminó, pero lo que más llama la atención no es la ruptura en sí, sino el silencio tenso que quedó flotando en el set de MasterChef Celebrity Argentina.
Según trascendió en LAM, el quiebre fue abrupto y definitivo. Ya no hay diálogo entre ellos, ni siquiera el mínimo gesto cordial que suele mantenerse por compromiso televisivo. Ese cambio de actitud se percibe en cada grabación y también entre quienes comparten las largas jornadas de trabajo.
La situación escaló cuando la propia Evangelina reaccionó con enojo ante las versiones que hablaban de una separación. De acuerdo a lo contado por Ángel de Brito, la modelo se comunicó con Guido Kaczka para desmentir de manera tajante que hubiera existido un romance. La frase fue contundente y no dejó lugar a matices: negó el vínculo y cuestionó que se hablara de una ruptura.
Sin embargo, desde el panel del programa sostuvieron otra versión. Aseguraron que el acercamiento entre Evangelina e Ian fue real y que se dio lejos de las cámaras, con encuentros y una relación fluida que no formaba parte del show. Esa convivencia previa es la que vuelve más llamativo el distanciamiento actual.
El punto que nadie pudo negociar
El verdadero conflicto habría surgido por la exposición pública. Mientras Ian Lucas tenía intenciones de blanquear la relación y avanzar un paso más, Evangelina prefería mantener todo en un perfil bajo, sin etiquetas ni confirmaciones. Esa diferencia, aparentemente simple, terminó siendo un muro imposible de sortear.
Desde ese momento, el vínculo se enfrió por completo. Hoy se ignoran, evitan cruzarse y, cuando no queda otra, apenas sostienen lo justo para cumplir con la cámara. Incluso en los camarines y antes de salir a grabar, la incomodidad es evidente.
En un programa donde las emociones suelen amplificarse, este quiebre se siente distinto. No hay escándalo abierto ni frases rimbombantes, solo una tensión sostenida que habla por sí sola y que, por ahora, no parece tener vuelta atrás.








