Mensajes privados, fechas precisas y un testimonio que vuelve a circular. La incomodidad crece alrededor del actor mientras se reconstruye una historia que parecía cerrada.

La escena se volvió incómoda de golpe. En televisión, con detalles concretos y frases textuales, reaparecieron chats privados que vuelven a poner a Luciano Castro en el centro de la polémica. No fue un rumor suelto: hubo fechas, nombres y un relato en primera persona que reabrió una infidelidad ocurrida cuando el actor estaba en pareja con Sabrina Rojas.
El material se conoció en DDM, donde Guido Záffora detalló cómo se habría dado el vínculo con Noelia Pacin en 2016, durante las grabaciones de Los Ricos No Piden Permiso. Según el relato, fueron pocos encuentros, siempre en el mismo departamento de Olivos, y un ida y vuelta por WhatsApp que hoy vuelve a incomodar.
El dato que más ruido generó fue la reconstrucción del primer contacto. Noelia conservó mensajes y fotos de aquel momento. Záffora contó que ella no creyó que fuera él hasta pedirle una prueba concreta. La respuesta llegó de inmediato. Ese intercambio, simple y directo, fue el punto de partida de una relación clandestina.
Un testimonio que suma tensión
En el piso, Marina Calabró aportó contexto sobre el tono de los mensajes y el perfil del actor en ese vínculo. También señaló que Noelia hoy vive en España y que, en su relato, aparecen referencias al vínculo de Castro con Sabrina Rojas en aquel momento.
La propia Noelia habló en una entrevista con Ulises Jaitt y describió el inicio con una naturalidad que descoloca: un asado, un número de teléfono pedido “por si acaso” y un mensaje que llegó al día siguiente. Contó encuentros organizados con discreción, entradas por cochera y un trato cordial. Incluso lo definió como “caballero”. Pero ahí mismo aparece la incomodidad mayor: el reconocimiento de que los mensajes se enviaban mientras él estaba con su pareja.
El repaso de esta historia suma presión a un presente ya cargado para el actor, atravesado por versiones y tensiones con Griselda Siciliani. A casi diez años de aquellos chats, el pasado vuelve a escena y deja una sensación difícil de esquivar: hay historias que, aunque parezcan archivadas, reaparecen cuando menos se las espera.








