Un viejo enfrentamiento volvió a quedar en primer plano tras declaraciones fuertes al aire. Hubo incomodidad en el estudio y una respuesta medida que eligió otro camino.

El cruce no fue planificado, pero se sintió pesado desde el primer segundo. En medio de una charla distendida en Polémica en el Bar, Luis Ventura interrumpió la conversación y lanzó una serie de afirmaciones que volvieron a poner en el centro del debate a Graciela Alfano. El tono cambió de golpe. Hubo silencios incómodos y miradas que anticipaban que lo que venía no iba a pasar desapercibido.
Ventura habló sin rodeos. Dijo haber estado en un templo, mencionó rituales y aseguró que Alfano tenía un rol importante dentro de la religión Umbanda en Brasil. Mientras hablaba, incluso apeló a frases personales, casi desafiantes, como si buscara dejar en claro que no le preocupaban las consecuencias de sus palabras. Sus compañeros lo escuchaban en silencio, con cierta tensión en el aire.
“No me importa”, insistió el periodista, convencido de su versión y sin intención de moderar el discurso. La escena dejó una sensación rara: más que una denuncia concreta, sonó a un ajuste de cuentas viejo que volvía a salir a la superficie, cargado de resentimiento y creencias personales.
Una respuesta sin escalar el conflicto
Horas más tarde, la historia tuvo su contrapunto. En un móvil desde Punta del Este con Moria Casán, Graciela Alfano decidió responder, pero eligió otro registro. Lejos de la confrontación directa, se mostró tranquila y hasta irónica.
Cuestionó la idea de que ella pudiera perder tiempo en ese tipo de prácticas y explicó que su energía está puesta en su bienestar personal, en estudiar y en mantenerse bien. No negó ni afirmó creencias ajenas: simplemente se corrió del lugar que Ventura le adjudicaba. “Ojalá fuera mae, pero no tengo idea de lo que es”, dijo, marcando distancia sin entrar en provocaciones.
Al final, descartó de plano cualquier posibilidad de un careo. No por miedo, sino por hastío. “Me aburre”, cerró, como quien decide no seguir alimentando una pelea que siente agotada.
El episodio volvió a mostrar dos posturas opuestas frente al conflicto: una que expone y desafía, y otra que prefiere correrse y no darle más volumen del necesario. A veces, el silencio o la calma también dicen mucho.








