La productora presentó una experiencia artística intensa en Uruguay y el entusiasmo inicial chocó de frente con el precio. La reacción fue inmediata y dejó preguntas abiertas.

Cris Morena volvió a aparecer en escena con una idea que llevaba tiempo en su cabeza. Esta vez no fue una ficción ni un regreso televisivo, sino un campamento de verano pensado para jóvenes artistas. El anuncio llegó con tono entusiasta, música conocida de fondo y una invitación directa: crear, convivir y hacer música durante cinco días sin interrupciones. Pero hubo un dato que cambió el clima en segundos.
El valor de la propuesta —1500 dólares— corrió el eje del entusiasmo hacia la incomodidad. Y el debate no tardó en explotar.
La experiencia está programada del 21 al 26 de febrero en Punta del Este. Está dirigida a mayores de 18 años y propone jornadas intensivas de producción musical, laboratorios creativos, ensayos y convivencia en un entorno natural, con docentes y especialistas. Todo bajo el sello personal de Cris Morena y su escuela Ser otro mundo.
En sus redes, la productora lo presentó como “la oportunidad de vivir un verano eterno”. Habló de algo “mágico”, de un proyecto que tenía muchas ganas de hacer y al que invitó a sumarse sin dudar. El detalle no pasó desapercibido: el anuncio estuvo acompañado por la música de Verano del 98, un guiño directo a la nostalgia que tocó fibras en una generación entera.
El precio que cambió la conversación
La reacción fue inmediata. Junto a los mensajes de ilusión y apoyo aparecieron comentarios irónicos y críticas que apuntaron directo al costo. Algunos lo tomaron con humor, otros con molestia. La pregunta que se repitió, con distintas formas, fue siempre la misma: ¿a quién está realmente dirigida esta experiencia?
El campamento musical de Cris Morena quedó así en el centro de una discusión que excede la propuesta puntual. No se trata solo de una actividad artística, sino del límite difuso entre el sueño creativo y el acceso real a ese sueño.
La iniciativa sigue en pie, con fechas, condiciones claras y una idea bien definida. Lo que quedó flotando es la sensación de que, una vez más, la ilusión chocó con el precio. Y eso, en un contexto sensible, generó una incomodidad que todavía no encontró respuesta.








