Un cruce inesperado al aire en TN expuso tensiones reales sobre urbanización, ciencia y convivencia con la naturaleza.

La mañana transcurría como cualquier otra en TN hasta que una frase, dicha con tono firme, encendió una discusión que nadie vio venir. En segundos, el estudio quedó en silencio incómodo y la pantalla dividida marcó que algo se había desbordado. El tema: el destino de los carpinchos de Nordelta. El clima: pura tensión.
Santiago do Rego, que por estos días reemplaza a Mario Massaccesi en la conducción matutina, introdujo el debate sobre el proyecto para trasladar a los animales a una reserva en San Fernando, una medida pensada para responder al reclamo de vecinos del barrio privado. Lo que parecía un intercambio de opiniones terminó en un cruce áspero con Matías Bertolotti, que cuestionó con dureza la iniciativa.
Todo ocurrió en vivo y sin filtros. Do Rego planteó que el avance urbano genera conflictos inevitables y defendió la experiencia piloto que incluye esterilización y relocalización. Bertolotti lo interrumpió sin rodeos: puso en duda el respaldo científico y reclamó ver estudios concretos que avalen la medida. “Yo le creo al científico”, insistió, marcando distancia de cualquier argumento que no tuviera sustento técnico.
El intercambio subió de tono rápido. Hubo frases cruzadas, silencios cargados y gestos que hablaron por sí solos. En un momento, la ironía se coló en el aire y el meteorólogo lanzó una frase exagerada, casi absurda, que dejó al estudio helado. Nadie hablaba de matar animales, pero el enojo ya había ganado terreno.
En medio del fuego cruzado, Daiana Lombardi sumó una reflexión breve y certera: recordó que la naturaleza no se adapta al ritmo humano. La frase cayó como un freno. Aun así, Do Rego volvió a insistir en la lógica de la urbanización y el impacto económico que generan esos barrios.
El debate se cerró sin acuerdo y con una sensación compartida: el tema excede largamente a un cruce televisivo. Lo que pasó al aire fue apenas un reflejo de una discusión más profunda, incómoda y todavía abierta. Mientras tanto, los carpinchos siguen ahí, ajenos a los gritos, esperando una decisión que nadie parece tener del todo clara.








