Un video familiar derivó en comentarios agresivos y lo llevó a decir basta, con una frase que dejó en evidencia una herida profunda y una decisión personal.

El video era simple, casi ingenuo. Dante Ortega aparecía junto a una de sus hermanas, probando un chocolate y riéndose frente a cámara. Nada más. Pero en cuestión de horas, los comentarios empezaron a correrse de lugar. Lo que debía ser una escena cotidiana se llenó de mensajes despectivos sobre su intimidad y su orientación sexual. Ahí fue cuando decidió hablar.
Desde sus redes, Dante no levantó la voz ni buscó escándalo. Eligió algo más incómodo: explicar. Y marcar un límite. “Encontré un montón de comentarios despectivos… no son personas interesadas en instruirse, quieren bardear”, dijo con una calma que contrastó con la violencia de los mensajes. Lo que más le llamó la atención no fue la crítica en sí, sino la falta de empatía.
A pesar de ser hijo de Guillermina Valdés y Sebastián Ortega, y de crecer en una familia muy expuesta, Dante siempre eligió un perfil bajísimo. Recién después de la pandemia empezó a mostrarse más en redes, a compartir su música y a construir una comunidad que lo sigue justamente por su forma directa de decir las cosas.

Un mensaje sin rodeos
En su descargo fue claro: “Soy hombre, me gustan los hombres, no descarto estar con mujeres. Mis hermanas son mujeres y les gustan las mujeres. ¿Qué hay de malo en eso?”. La frase no buscó convencer a nadie, sino poner en evidencia lo absurdo del ataque. “Si hubiéramos sido heterosexuales, ¿hubiera sido tema de conversación? Yo creo que no”, agregó.

Con 24 años, Dante dejó en claro que no piensa gastar energía educando a quienes no quieren escuchar. Y cerró con una reflexión que atravesó a muchos: “Si la orientación sexual se pudiera elegir, no hubiera pasado dos años rezando para ser diferente. Sigo creyendo en Dios y creo que él me quiso así”.
No fue un descargo furioso. Fue algo más incómodo: una verdad dicha sin vueltas, frente a una reacción que todavía cuesta erradicar. Una forma de decir basta sin gritar, pero con firmeza.








