Mauricio Macri y Juliana Awada: por qué decidieron separarse

La decisión fue silenciosa, consensuada y sin escándalos. Eligieron cerrar el año juntos, en familia, como forma de cuidado mutuo.

Mauricio Macri y Juliana Awada: por qué decidieron separarse

No hubo anuncio rimbombante ni fotos explicativas. Antes de las fiestas, Mauricio Macri y Juliana Awada tomaron una decisión íntima que venía madurando desde hacía tiempo: separarse. Aun así, eligieron pasar Navidad y Año Nuevo juntos, en familia, sosteniendo un gesto que habla más de lo que muestra. No por obligación, sino por afecto y respeto.

El final no llegó de golpe. Según personas de su entorno, fue el resultado de un proceso largo, atravesado por charlas privadas y una revisión honesta de lo que estaban viviendo como pareja. Hubo una primera crisis, preguntas incómodas y una conclusión que se fue imponiendo con el correr de los meses.

Un desgaste que se fue haciendo visible

No existió un hecho puntual ni un tercero. El motivo fue otro, más común y menos espectacular: el desgaste natural de una relación extensa, marcada durante años por una exposición pública intensa. La presidencia, las agendas exigentes, los viajes constantes y una vida privada reducida al mínimo dejaron huella.

Con el tiempo, también aparecieron ritmos distintos. Awada profundizó su perfil personal y laboral, con proyectos propios y una vida más independiente. Macri, en cambio, mantuvo su actividad política y una agenda internacional activa. No hubo conflicto abierto, pero sí una distancia emocional progresiva que ambos supieron reconocer.

Señales, desmentidas y silencio

Desde mediados de 2024, la ausencia de apariciones públicas juntos y algunos viajes por separado despertaron rumores. En su momento, los desmintieron. Estaban bien, decían, y lo estaban en términos de cuidado y respeto. Pero ya atravesaban una etapa de revisión profunda que eligieron no exponer.

Durante 2025, las versiones regresaron. Esta vez, optaron por el silencio. Resolver puertas adentro fue la prioridad.

La decisión final llegó una semana antes de las fiestas. Sin comunicados ni declaraciones personales, la confirmación se conoció a través de allegados, con un mensaje claro: fue de común acuerdo y pensando, sobre todo, en el bienestar de su hija Antonia.

Ahora, cada uno inicia un camino propio. Sin reproches ni escándalos. Con la tranquilidad de haber elegido no forzar una continuidad que ya no los representaba. A veces, separarse no es romper: es cuidar lo que fue.

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