El periodista estaba activo ese mismo día en televisión. Horas después, una descompensación en Santiago cambió todo y dejó preguntas abiertas.

La noticia llegó de golpe y sin rodeos. Andrés Caniulef murió este viernes a los 48 años en Santiago de Chile, tras sufrir un paro cardiorrespiratorio. Había estado en pantalla horas antes, cumpliendo su rutina laboral, y ese detalle —tan cotidiano— volvió más difícil de asimilar el final.
Según confirmaron fuentes oficiales, el episodio ocurrió en un departamento del centro de la capital chilena. Caniulef se descompuso, perdió el conocimiento y testigos dieron aviso inmediato al servicio de emergencias. Personal del SAMU intentó reanimarlo, pero no fue posible. Carabineros fue alertado y la Brigada de Homicidios Metropolitana se trasladó al lugar para reunir antecedentes y completar el informe correspondiente.
Una presencia habitual que se apagó de repente
En la TV chilena, Caniulef era una figura conocida del periodismo de espectáculos. Se había formado como notero en Canal 13 y construyó una carrera sostenida en programas como Alfombra Roja, Bienvenidos y SQP. Entrevistó a artistas internacionales y supo moverse con naturalidad en un rubro donde la exposición es constante y el ritmo, exigente.
Ese viernes, igual, nada parecía fuera de lo común. Estuvo al aire y siguió con su día. La secuencia posterior —el desmayo, el llamado de urgencia, la llegada de los equipos médicos— dejó un contraste difícil de procesar entre la normalidad y el desenlace.
La palabra que dejó marca
En 2025, Caniulef había contado públicamente que vivía con VIH. Lo hizo sin estridencias, con una honestidad que incomodó a algunos y acompañó a muchos. “El miedo me detuvo por completo”, dijo entonces, al recordar el silencio que lo aisló durante años. También habló del estigma y de cómo la vergüenza puede pesar más que la enfermedad.
Esa decisión de hablar, de ponerle palabras a lo que cuesta, quedó como una de las marcas de su recorrido público. No para explicar un final —las autoridades continúan con las diligencias—, sino para entender a la persona detrás del personaje televisivo.
La muerte de Andrés Caniulef deja un vacío repentino y una sensación de quiebre. A veces, la vida sigue su curso habitual hasta que, sin aviso, se detiene. Y lo único que queda es el eco de una jornada que parecía una más.








