Así es la casa frente al mar de Benjamín Vicuña en Uruguay

Con playa propia y una estética sobria, el actor mostró el refugio donde busca calma y vida familiar. Un hogar pensado para el silencio y el paisaje.

Así es la casa frente al mar de Benjamín Vicuña en Uruguay

No fue un tour ostentoso ni una exhibición calculada. Fueron imágenes sueltas, detalles elegidos y un clima que se percibe apenas aparece el mar. Benjamín Vicuña mostró su casa en Uruguay, una propiedad frente al océano que funciona como refugio real: playa a metros, luz natural en cada ambiente y una estética que prioriza la calma.

La casa, ubicada en un exclusivo parador de Punta del Este, tiene una estructura sobria con guiños coloniales y un aire campestre que atraviesa todo. El living, amplio y sereno, es el centro del hogar. Predominan los tonos neutros y oscuros, la madera maciza y los muebles de líneas simples. Una mesa baja, rústica, tallada en un solo bloque, se vuelve protagonista sin imponerse. Está ahí, firme, como el resto de la casa.

Los sillones —grandes, cómodos— combinan cuero oscuro y telas suaves. Están dispuestos para descansar, pero también para mirar. Porque mirar es parte del plan. Una alfombra de fibras naturales suma abrigo visual y termina de sellar esa sensación de casa vivida, no de catálogo.

Ventanales, mar y una frontera que se borra

Uno de los grandes aciertos del diseño son los ventanales de piso a techo. Entran luz y paisaje sin pedir permiso. Desde adentro, el mar uruguayo se siente cerca; desde afuera, la casa parece integrarse a la playa privada que se extiende a pocos metros. La paleta acompaña: beige, marrones y verdes apagados que replican el entorno y bajan cualquier estridencia.

Durante estos días, Vicuña disfruta la casa junto a sus hijos y su pareja, Anita Espasandín. Ella también compartió postales del interior: rincones simples, escenas cotidianas, incluso un tablero de ajedrez de madera que habla de tiempo compartido y pausas reales.

El balcón, amplio y despejado, funciona como mirador natural. Desde ahí, el atardecer y el sonido del mar completan una escena que no necesita palabras.

Más que una casa de vacaciones, el lugar aparece como una elección de momento. Un hogar frente al mar pensado para bajar el volumen, ordenar el ritmo y quedarse, aunque sea por un rato, en calma.

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