Con apenas 15 años, el hijo de Nazarena Vélez ya trabaja en el teatro y empieza a tomar decisiones propias. Su entusiasmo llamó la atención en plena temporada de verano.

Con naturalidad y sin vueltas, Thiago Rodríguez dice lo que siente. A los 15 años, mientras muchos chicos de su edad siguen de vacaciones, él pasa buena parte de sus días en la puerta de un teatro de Villa Carlos Paz. Reparte volantes, charla con el público, vende entradas y observa. Observa mucho. Y eso, para él, ya es parte del aprendizaje.
El hijo menor de Nazarena Vélez está viviendo su segunda temporada teatral acompañando de cerca Suspendan la boda, la comedia protagonizada por su mamá y su hermana, Barbie Vélez. No lo hace desde un lugar cómodo ni impuesto. Al contrario: eligió estar ahí. “Es una locura hacer temporada, es espectacular”, contó con una sonrisa en diálogo con Intrusos, dejando ver que disfruta cada detalle de esa rutina intensa.

Lo que más llama la atención no es solo su presencia, sino la forma en la que se involucra. Thiago no se limita a cumplir una tarea puntual. Está atento a todo. La gente lo reconoce, le pide fotos y él responde con entusiasmo. Se lo nota cómodo, seguro, motivado. “Estoy todos los días a full”, resumió, como si esa exigencia fuera parte natural del camino que eligió.
Incluso cuando habla de dinero, su postura sorprende. Aclara que no cobra por lo que hace. Que no espera nada a cambio. Lo mueve otra cosa. Aprender, ayudar, estar. “Me ofrecí yo”, explicó, dejando en claro que su participación nace de una decisión propia y no de un mandato familiar.
Cuando la charla gira hacia el futuro, no duda. Thiago se imagina arriba del escenario, pero también detrás, en la producción. Le interesan los dos mundos. Y esa definición temprana no parece impulsiva, sino pensada. Nazarena Vélez ya contó que su hijo quiere trabajar y ahorrar desde joven, entendiendo el valor del esfuerzo.
Sin estridencias ni discursos grandilocuentes, Thiago empieza a construir su camino. Paso a paso. Con curiosidad, compromiso y una convicción que, a su edad, no pasa desapercibida.








