Un relato detallado, una voz filtrada y una secuencia que puso a la pareja en el centro de la escena. La tensión creció con cada dato que salió al aire.

La escena quedó flotando en el aire cuando empezó a circular el audio. No hubo gritos ni frases grandilocuentes, pero sí un tono cercano que, por sí solo, desató incomodidad. En las últimas horas, Luciano Castro volvió a ser noticia por una supuesta infidelidad que lo involucra mientras estaba en Madrid, y que impacta de lleno en su vínculo con Griselda Siciliani.
La información salió a la luz por boca de Fernanda Iglesias, quien describió una secuencia precisa: un brunch en un bar de Madrid, una charla que fluyó y una invitación que fue escalando. Según su relato, el actor se presentó como solo y en pleno trabajo en la capital española. La historia siguió con una invitación a su obra de teatro y, más tarde, a su casa. El gesto que más ruido hizo fue el beso en la calle, contado sin rodeos y con detalles.
Un relato que sumó tensión
Iglesias agregó que el vínculo no quedó en ese primer cruce. Hubo intercambio de teléfonos, mensajes insistentes de parte de él y respuestas espaciadas de ella. También un segundo encuentro, ya con miradas ajenas: gente que se acercaba a pedir fotos y una escena que, según la periodista, llamó la atención de la joven involucrada.
El punto más incómodo llegó con la difusión de un audio atribuido a Castro. En ese mensaje, breve y cotidiano, se lo escucha proponiendo verse más tarde, con un tono amable y sin referencias explícitas. Justamente esa naturalidad fue lo que encendió el debate.
Lo que se dijo en televisión
El tema se amplificó en Sálvese quién pueda, el ciclo que conduce Yanina Latorre y que, en esa emisión, tuvo a Sabrina Rojas al frente. Allí se repasaron los datos, el contexto temporal —noviembre de 2025— y el impacto que generó la filtración.
Por ahora, no hubo declaraciones públicas de la pareja. El silencio, en este caso, también pesa. Y deja una sensación difícil de esquivar: cuando un audio irrumpe así, la incomodidad ya no se puede desoír.








