Facundo Arana y un video sereno que abrió una herida profunda

Un gesto mínimo, grabado sin intención, terminó tocando una historia de dolor y memoria compartida. La calma que se sintió también conmovió a miles.

Facundo Arana y un video sereno que abrió una herida profunda

No hubo anuncio ni puesta en escena. Fue un video simple, grabado en silencio, casi al pasar. Facundo Arana compartió en sus redes un momento de calma en Chapadmalal y escribió unas pocas líneas, suaves, como dichas en voz baja. Alcanzó para que algo se moviera.

En las imágenes se ve una tarde cualquiera. Un pájaro aparece, el intento de capturarlo con la cámara, el vuelo breve. El plano se abre y queda una cruz, con un nombre y dos fechas. “Cosas que pasan en una tarde cualquiera…”, escribió Arana. Después, una frase que lo dice todo sin decir demasiado: no conocía a la familia ni a los amigos de Santiago, pero quiso mandarles un abrazo. “Porque lo que había era calma”.

Lo que el actor no sabía es que ese lugar guarda una historia pesada. La cruz está en un acantilado frente al mar. Allí, hace dos años, Santiago, un joven, se arrojó al agua. La respuesta llegó en los comentarios y resignificó el video completo.

Un familiar de Santiago agradeció el mensaje y puso palabras donde suele haber silencio. Contó que era su primo, su hermano, un buscador, alguien que vivió con intensidad. Y también explicó que su final estuvo marcado por la necesidad de encontrar una paz que no logró ver, pese al amor que lo rodeaba. “El único consuelo fue saber que lo último que vio fue ese mar infinito”, escribió.

Ese intercambio transformó la publicación. De pronto, los mensajes dejaron de ser para Arana y empezaron a dirigirse a Santiago. Aparecieron despedidas, palabras de amor, agradecimientos. La historia, que era íntima, se volvió colectiva sin perder respeto.

No hubo grandes declaraciones ni explicaciones forzadas. Solo un video, una cruz, el mar y una frase escrita desde la calma. A veces alcanza con eso para que el dolor encuentre un lenguaje posible y, por un rato, se vuelva un abrazo compartido.

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