Una frase esquivada, un silencio sostenido y un vínculo que vuelve a quedar expuesto. La distancia familiar, otra vez, quedó a la vista.

Gabriela Sabatini volvió a quedar en el centro de la escena, pero esta vez no por el tenis ni por un recuerdo deportivo. Fue por algo más íntimo. En una nota reciente, la exnúmero tres del mundo se mostró incómoda cuando le preguntaron por su hermano, Osvaldo “Ova” Sabatini. No respondió. Evitó el tema. Y ese gesto, lejos de pasar inadvertido, volvió a confirmar que el vínculo sigue quebrado.
La escena ocurrió días después de que Gabriela llegara a Buenos Aires para pasar las fiestas. En el entorno se hablaba, otra vez, de una posible reconciliación familiar. Sin embargo, su reacción fue clara: esquivó la consulta y dejó flotando una incomodidad que dijo más que cualquier declaración. No hubo lugar para aclaraciones ni señales de acercamiento.
Un distanciamiento que viene de lejos
El quiebre no es nuevo. Hace tiempo que Gabriela mantiene distancia no solo con su hermano, sino también con su cuñada, Catherine Fulop, y con sus sobrinas, entre ellas Oriana Sabatini. Su ausencia en el casamiento de Oriana fue una señal fuerte, imposible de disimular. Desde entonces, no hubo gestos públicos que indiquen un cambio de rumbo.
Durante meses se especuló con conflictos económicos ligados a la herencia de su madre. Sin embargo, el periodista Luis Bremer aportó un dato concreto: no habría disputas por dinero. Según explicó, existe un acuerdo firmado entre Gabriela y Osvaldo Sabatini que establece el reparto de los bienes. Ella recibió un inmueble; él, dos vehículos. Un arreglo cerrado, sin conflictos patrimoniales.
El silencio que pesa
En una charla extensa con Agustín Creevy, Gabriela habló de su carrera, de los miedos, del esfuerzo y de la presión de competir en la elite. Recordó a su madre, a su padre, y mencionó a Steffi Graf como una rival que la hizo crecer. Pero hubo un detalle que llamó la atención: no nombró a su hermano en ningún momento.
No fue un olvido. Fue un silencio sostenido, coherente con una historia familiar que parece no encontrar reparación. A veces, lo que no se dice termina siendo la confirmación más fuerte de todo.








