Una decisión personal rompió la rutina familiar y dejó una incomodidad que esta vez no se pudo disimular.

La mesa estaba armada, la casa llena y el clima era el de siempre. Pero faltaba alguien. En la última Navidad, Susana Giménez volvió a reunir a los suyos en La Mary, con la intención de sostener una tradición que cuida desde hace años. La ausencia de Lucía Celasco, sin embargo, cambió todo.
Según contó Gustavo Descalzi, la decisión de Lucía de no pasar la Nochebuena con su familia generó enojo y tristeza puertas adentro. No fue solo un viaje: fue la sensación de un quiebre. La nieta eligió Nueva York para pasar las fiestas, acompañada por su pareja, el futbolista Nicolás Figal. Y ese gesto dejó un lugar vacío difícil de ignorar.
“Todos estaban en La Mary”, relató Descalzi, al reconstruir el momento. La familia incluso invitó a otra persona para completar la mesa. Pero el detalle no cayó bien. Lucía, que estaba invitada, ya tenía otros planes: le gusta la Navidad con nieve, la Quinta Avenida, un ritmo distinto. Esa elección personal reavivó una distancia que, según el periodista, venía creciendo por diferencias de vida entre abuela y nieta.
En A la tarde, Descalzi fue más allá y habló de “enojos en el seno de la familia Giménez” por esta ausencia. También explicó que influyó que Figal no formara parte de la lista de invitados. La decisión de Susana fue clara: una celebración íntima, solo con los más cercanos. “Vamos a hacer en familia”, habría dicho la diva.
No hubo gritos ni escenas públicas. Hubo algo más silencioso: incomodidad. La Navidad expuso un desacuerdo que mezcla afecto, expectativas y elecciones personales. A veces, incluso en las familias más unidas, una ausencia pesa más que mil palabras.








