El episodio ocurrió este domingo y generó horas de angustia. El periodista fue asistido de urgencia y su evolución es seguida con cautela.

La noticia irrumpió sin previo aviso y dejó a muchos en silencio. Este domingo 28 de diciembre, David Kavlin sufrió tres infartos en pocas horas y su estado de salud generó una preocupación inmediata en el ambiente periodístico y entre quienes siguen su trayectoria desde hace años.
Todo comenzó durante la mañana. Kavlin sufrió un primer infarto que obligó a una intervención urgente. El traslado en ambulancia fue rápido, con ese clima espeso que se instala cuando cada minuto cuenta. En el camino hacia la clínica Trinidad de San Isidro, el cuadro se agravó: sufrió un segundo infarto, lo que elevó al máximo la tensión del operativo.
Lejos de terminar ahí, la situación volvió a complicarse. Ya dentro de la institución médica y mientras era asistido por el equipo de guardia, el periodista atravesó un tercer episodio, el más delicado de todos. Fueron instantes críticos, de esos en los que nadie se anima a anticipar nada y todo queda en manos del personal médico.
Intervención rápida y horas decisivas
La clave estuvo en la reacción inmediata. Los médicos lograron estabilizarlo tras cada episodio y actuar con rapidez para evitar consecuencias irreversibles. Según la información que trascendió, David Kavlin se encuentra fuera de peligro, aunque permanece bajo estricta observación y con controles permanentes.
La falta de partes médicos detallados durante varias horas alimentó la inquietud. Mensajes cruzados, llamados y muestras de apoyo comenzaron a circular apenas se conoció lo ocurrido. El impacto fue fuerte: no solo por la gravedad del cuadro, sino por lo inesperado del episodio.
Por estas horas, el foco está puesto en su evolución y en cómo responderá su organismo tras haber atravesado una situación límite. El domingo cerró con algo de alivio, pero también con prudencia. Fueron horas de extrema tensión para David Kavlin y para todos los que siguieron de cerca un episodio que volvió a recordar lo frágil que puede ser todo, incluso cuando nadie lo imagina.








