Rocío Marengo compartió el alivio más esperado tras el alta de su hijo

Después de semanas de tensión y cuidados intensivos, la conductora mostró el momento que cambió todo. Una imagen simple, una frase breve y una emoción que todavía late.

Rocío Marengo compartió el alivio más esperado tras el alta de su hijo

El video dura apenas unos segundos, pero dice mucho más de lo que parece. Un bebé dormido, un peluche apoyado a su lado y una frase escrita sin filtros: “Mamá llora, no importa cuando lean esto”. Así eligió Rocío Marengo contar una noticia íntima y profundamente esperada: su hijo Isidro volvió a casa.

El alta médica llegó en vísperas de Nochebuena, después de varias semanas en neonatología. Días largos, controles constantes y una rutina marcada por la incertidumbre. Isidro Fort había nacido el 3 de diciembre y, por su prematuridad, necesitó atención especializada antes de poder dejar el hospital. La espera fue silenciosa, intensa y cargada de ansiedad.

Cuando finalmente ocurrió, Rocío no armó un anuncio grandilocuente. Optó por algo mucho más cercano. Publicó una imagen simple y dejó que la emoción hablara sola. La frase acompañando la foto no tardó en circular, porque condensaba algo reconocible: el llanto que aparece cuando el miedo empieza a aflojar.

El alta de Isidro Fort no fue solo un cambio de escenario. Marcó el inicio de una vida distinta para la familia. Volver a casa significó dejar atrás la lógica hospitalaria y empezar, por fin, la cotidianeidad tan deseada: noches en su propia cuna, rutinas nuevas y la posibilidad de compartir momentos sin horarios médicos de por medio.

Durante todo el proceso, Marengo eligió mostrarse. Compartió avances, agradeció al equipo de salud y también respondió a las críticas por seguir activa en redes en medio de la situación. Lo hizo sin victimizarse, explicando que cada gesto público convivía con una experiencia emocionalmente exigente.

Ahora, junto a su pareja Eduardo Fort, se prepara para una Navidad distinta. La primera con su hijo en casa. Un detalle que, para muchos, resume todo lo vivido: no hubo regalos ni festejos desmedidos, solo el alivio de volver con Isidro en brazos.

A veces, las historias más fuertes no necesitan grandes declaraciones. Alcanzan una imagen, una frase honesta y ese silencio posterior que aparece cuando, después de tanta tensión, finalmente se puede respirar.

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