Panam habló de su hija y el dolor volvió con una señal inesperada

En una entrevista íntima, Panam volvió a hablar del duelo que marcó su vida y de una señal inesperada que la hizo llorar. Un relato simple, profundo y sin escudos.

Panam habló de su hija y el dolor volvió con una señal inesperada

Panam se quedó en silencio unos segundos antes de seguir. La voz le cambió apenas. No fue un golpe de efecto ni una frase preparada: fue el recuerdo de su hija Chiara, fallecida en 2013 días antes de nacer, el que volvió a aparecer con una fuerza inesperada. Y con él, un dolor que, según ella misma admite, no se va.

En una entrevista con el ciclo Hispa, la animadora infantil habló con una honestidad poco frecuente sobre el duelo que atraviesa desde hace más de una década. “Tengo cuatro hijos, tres acá en la tierra y una en el cielo”, dijo, sin dramatizar, como quien ya aprendió a convivir con esa ausencia. Igual, cada palabra pesa.

El colibrí no es solo una canción exitosa dentro de su universo artístico. Es una forma de nombrar a Chiara, de traerla al presente. Panam contó que con el tiempo ese duelo fue mutando: primero un ángel, después una mariposa, y ahora un colibrí. La transformación no fue buscada. Pasó.

La señal que la desarmó

En enero, después de dejar a sus hijos en un club, un colibrí se le posó cerca. Lo que la conmovió no fue solo la aparición, sino algo mínimo: el ave se quedó. “Empecé a llorar de emoción, porque dicen que no se quedan. Vuelan mucho, son inquietos”, relató. Ese detalle, casi insignificante para cualquiera, fue suficiente para quebrarla.

Laura Franco —su nombre real— venía de años complejos cuando ocurrió la pérdida. Había superado una crisis de pareja y apostado de lleno a la familia. La ilusión era grande. El golpe, devastador. Desde entonces, el dolor se transformó, pero nunca desapareció.

Panam no busca dar lecciones ni encontrar explicaciones místicas. Cuenta lo que le pasa, tal como le pasa. Y en ese gesto simple, sin golpes bajos ni frases armadas, aparece algo genuino: la certeza de que hay ausencias que no se superan, pero pueden encontrar nuevas formas de quedarse.

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