La ex tenista regresó a la Argentina y, sin declaraciones públicas, dejó expuesta una interna familiar que sigue abierta y cargada de dolor. El tiempo pasa, pero la distancia no se acorta.

Gabriela Sabatini volvió a pisar suelo argentino y, casi sin proponérselo, reactivó una de las historias más sensibles de su vida privada. No hubo fotos familiares, ni reencuentros, ni gestos de acercamiento. El silencio, esta vez, habló por sí solo.
Desde su llegada, la pregunta fue inevitable: ¿hubo contacto con su familia? La respuesta, al menos por ahora, parece clara. Del otro lado, Ova Sabatini eligió no profundizar. Consultado por A la Tarde, fue breve y tajante: “Son temas muy personales de los que prefiero no hablar”. Una frase corta, medida, pero cargada de significado.
Según reveló el periodista Santiago Sposato, el clima entre los Sabatini está lejos de acomodarse. Del lado de Ova, hay dolor. Especialmente por un episodio que todavía pesa: la ausencia de Gabriela en el casamiento de Oriana Sabatini con Paulo Dybala. No fue un evento más. Se trataba de su sobrina, con quien mantenía un vínculo fuerte, y su silla vacía dejó una marca que todavía no cicatriza.
Una decisión que parece tomada
Con el resto de la familia, el quiebre es más profundo. Siempre según Sposato, Gabriela Sabatini tomó una decisión firme: no retomar el vínculo. La única excepción posible sería Oriana, con quien no descarta, a futuro, algún tipo de revinculación. Con los demás, la puerta sigue cerrada.
El conflicto no es nuevo. Desde la muerte de sus padres, algo se rompió en la dinámica familiar. No hubo escándalos públicos ni declaraciones altisonantes, pero sí una distancia sostenida en el tiempo, alimentada por silencios, decisiones y heridas que no encontraron reparación.
Hoy, el regreso de Gabriela al país volvió a poner esa historia en primer plano. No por lo que dijo, sino por lo que no pasó. Y en esa ausencia de gestos, quedó expuesta una verdad incómoda: hay quiebres que, aun con los años, no encuentran el camino de vuelta.








