Visiblemente afectado, el periodista contó cómo una interna institucional terminó alterando su vida cotidiana y su sensación de seguridad. El conflicto todavía no está cerrado.

Marcelo Polino no suele correrse del eje mediático, pero esta vez habló desde otro lugar. Con un tono serio, sin ironías ni gestos habituales, reconoció que atraviesa uno de los momentos más incómodos de su carrera. No por una crítica televisiva ni por un cruce al aire, sino por una situación interna dentro de APTRA que, según él, lo dejó expuesto y con miedo.
En diálogo con Desayuno Americano, el periodista contó que terminó involucrado como “protagonista involuntario” de un conflicto que se desató por un mensaje difundido en un chat institucional. Lo dijo con cuidado, pero también con tristeza. Diciembre, explicó, siempre fue un mes de reencuentro entre colegas, de balances personales y brindis compartidos. Este año, en cambio, el clima es otro. Más tenso. Más áspero. “Terminamos en una asamblea por un tema feo”, resumió.
Esa exposición, según relató, no quedó solo en lo simbólico. Empezó a afectar su vida diaria. Polino contó que se mudó recientemente y que, desde entonces, tomó recaudos que nunca había imaginado. “Tuve que contratar a una persona que me acompañe cuando salgo de ensayar, porque termino a las dos de la mañana”, dijo. También explicó que deja a alguien en su casa cuando se va, para no dejarla vacía. Pequeñas decisiones que, juntas, hablan de un estado de alerta constante.
El miedo no surge de la nada. Polino hizo referencia al contexto social y a versiones que circularon sobre supuestos bienes a su nombre. Lo dijo sin dramatizar, pero con una frase que dejó flotando la incomodidad: “Imaginate que estén diciendo que tengo dos millones de dólares en mi casa”. En un país atravesado por hechos de inseguridad, esa exposición pesa.
El trasfondo del conflicto apunta directamente a Evelyn Von Brocke. Polino sostuvo que el pedido que ella realizó se hizo en un ámbito que no correspondía y que eso desató una situación innecesaria. Por eso fue claro con su postura: pidió una reunión formal y una definición institucional. Este jueves habrá una asamblea presencial y la decisión se tomará a mano alzada.
Mientras tanto, Polino espera. No desde el enojo, sino desde la tensión de alguien que siente que algo se rompió. No solo dentro de una institución, sino también en la tranquilidad con la que vivía su día a día.








